El hábito de chuparse el dedo
Diversos investigadores han identificado que los niños inician la acción de succionar a partir de la dieciseisava semana de gestación. Durante los primeros años esto se puede convertir en un hábito y les sirve para sentirse seguros, inducir el sueño, calmar el hambre y canalizar emociones o sentimientos como ansiedad, cansancio, angustia o aburrimiento. Chupar el dedo es un reflejo natural, el cual genera cambios a nivel cerebral dado que estimula la producción de endorfinas lo cual le brinda tranquilidad y placer al niño.
¿Cuándo deben dejar de chupar dedos los niños?
Este hábito va desapareciendo con el pasar de los primeros años, la mayoría de los niños deja de succionar espontáneamente entre los 2 y los 4 años. Empieza solo a convertirse en un problema cuando el niño chupa dedo varias veces al día por largos periodos de tiempo y con fuerza; al igual que cuando empieza el cambio en la dentición, lo que se da normalmente alrededor de los 5 o 6 años.
¿Qué consecuencias trae chupar dedo?
Chupar dedo no trae ninguna consecuencia para la mayor parte de los niños; sin embargo, dependiendo de la etapa de desarrollo del infante la frecuencia e intensidad con la que este hábito se presente este puede causar:
• Daños dentales por la presión del dedo, lo que puede llegar a alterar la mordida y el desarrollo normal de las encías, dientes y del paladar.
• Alteración en los dedos como deformación, formación de callos e infecciones.
• Daños a nivel emocional cuando los niños son sujetos de bromas o burlas por parte de sus pares y/o criticados o castigos por sus padres o cuidadores al llevar a cabo esta conducta.
¿Cómo lograr romper este hábito?
• Ignorar el comportamiento.
• Distraer al niño con otra actividad o darle algún objeto para que agarre con las manos.
• Elogiar al niño cada vez que no se chupe el dedo: darle besos, abrazos o decirle palabras estimulantes.
• No prohibir al niño que se chupe el dedo. Regañar o castigar al niño no ayuda en nada ya que usualmente él no se da cuenta cuando lleva a cabo esta conducta, y por el contrario se refuerza sus ganas y deseos de hacerlo aún más.
• No usar técnicas como untar diferentes lociones en el dedo, poner vendas elásticas o guantes ya que esto el niño lo percibirá como un castigo injusto, especialmente si usa este hábito para consolarse y encontrar seguridad.
• Hablar con el niño explicándole las consecuencias que va a tener si continúa con esta succión.
• Identificar los espacios y actividades en que el niño se chupa el dedo con frecuencia, para lograr anticiparse a que se dé la conducta, brindándole algún objeto como por ejemplo una pelota blanda que pueda apretar o un muñeco con el que pueda jugar.
María Clara Gómez Aulí
Psicóloga
Preescolar Carrizales

